Reeducación Visual

Testimonios

Acudí a la reeducación visual porque mi marido anhelaba entrenarse para vivir sin gafas. Él había leído libros en los que se explicaba el método Bates y me había dicho muy a menudo que creía que yo no necesitaba gafas.

Me di cuenta de que un problema familiar, hacía 40 años, era la causa de que mis ojos fueran “débiles” cuando empecé a llevar gafas cada día desde la mañana hasta la noche. Durante dicho período, mi visión varió entre +0,75 y -2,25 dioptrías (vista cansada y miopía).

La educadora practicó conmigo la lectura sin gafas y pude ver ciertamente sin ellas a larga distancia. Cuando empecé a hacer ejercicios con frases de un libro en el que el tamaño de las letras era cada vez más pequeño, descubrí que podía leerlas sin problemas. Me di cuenta de que me había estado escondiendo detrás de las gafas durante muchos años. Desde entonces, ya no he vuelto a llevar gafas. Creía que tendría dolor de cabeza o fatiga ocular cuando estuviera trabajando en la City de Londres, pero todo fue bien. Durante los cinco primeros días en que no llevé gafas era un poco reacia a leer un libro por la tarde, porque tenía miedo de tener que volver a llevar gafas, pero luego empecé a leer en el metro, después del trabajo, sin problemas.

Beate Gross

East Sheen (suburbio de Londres), 2006

He participado en un taller de visión de fin de semana y he notado, desde entonces, mejoras sorprendentes. El mundo tiene más colorido. Conduzco más fácilmente de noche. Las luces de los coches ya no me deslumbran. Mi visión periférica se ha “encendido”. Leo con mayor facilidad, ya que el color negro es más negro. Soy más feliz, más dinámico y estoy más relajado; mi apreciación del arte mejora.

Ya es la segunda vez que rebajo la graduación de los cristales. La corrección del astigmatismo ha pasado de -2 a -1, es decir, una mejora del 50%. El taller de visión que he realizado es una de las mejores cosas que he hecho en toda mi vida.

Joe Micallif

Melbourne (Austràlia), 1984

Asistí a los cursos acompañando a mis nietos Adrián y Pablo. En mi calidad de oyente, solamente atendiendo las instrucciones y a pesar de mis setenta años, rebajé en dos dioptrías las gafas que llevaba inseparablemente desde mi adolescencia.

Pero es más, al perder el hábito de utilizarlas, me encuentro mucho mejor sin ellas, incluso viendo la televisión, y sólo las utilizo para leer.

Vicente Granero Martínez

València, 1996

Mi problema con la vista se debía principalmente a opacidades en la córnea, pero este estado se complicaba con hipermetropía y astigmatismo.

Durante varios años, los doctores me aconsejaron leer con ayuda de una poderosa lente de aumento, para después recetarme gafas. Sin embargo, experimentaba siempre una sensación de esfuerzo y fatiga.

Todo siguió igual hasta 1939, cuando escuché hablar de un proceso de reeducación visual y de un maestro que, según decían, lo usaba con excelentes resultados. El método parecía ser totalmente inofensivo y, como las gafas pronto me iban a resultar insuficientes, decidí someterme a una prueba. En un par de meses pude leer sin lentes y, lo que era mejor, sin esfuerzo ni cansancio.

Mi caso no es único; miles de enfermos con problemas visuales se han beneficiado siguiendo las simples reglas del arte de la visión que debemos a Bates y sus continuadores.

Aldous Huxley

El arte de ver, 1942