Reeducación Visual

Visión Natural & Método Bates

“En el mejor de los casos, casi se puede afirmar que las gafas no son más que un sustituto muy insatisfactorio de la visión normal.”

WILLIAM H. BATES – 1920

La reeducación visual es una práctica natural que permite ver mejor a medida que se entrenan los ojos. Se trata de una técnica efectiva, al alcance de todos, para cualquier problema de refracción o de binocularidad: astigmatismo, estrabismo, hipermetropía, miopía y presbicia (vista cansada). Además, tiene notables efectos benéficos en personas afectadas por otras enfermedades oculares.

Profesionales de la visión Punto de vista Tratamiento
Oftalmólogos, oculistas Fisiológico Enfermedades oculares Cirurgía
Ópticos, optometristas, ortoptistas “Artificial” Gafas y lentes de contacto Terapia visual específica
EDUCADORES VISUALES (método Bates, yoga ocular) Natural (global) Utilización responsable de los ojos Reeducación visual (hábitos y costumbres)

Oftalmólogos, oculistas

Punto de vista: Fisiológico Tratamiento: Enfermedades oculares Cirurgía

Òptics, optometristes, ortoptistes

Punto de vista: “Artificial” Tratamiento: Gafas y lentes de contacto Terapia visual específica

EDUCADORES VISUALES (método Bates, yoga ocular)

Punto de vista: Natural (global) Tratamiento: Utilización responsable de los ojos Reeducación visual (hábitos y costumbres)

Visión natural y método Bates son sinónimos. El método que recibe el nombre del oftalmólogo americano William H. Bates (1860-1931), consiste en utilizar los ojos de manera natural, tal como ven los ojos en condiciones normales. Y es que la reeducación visual no es un tratamiento ni una terapia propiamente dicha, sino más bien un proceso educativo que se basa en la correcta utilización de los ojos (¡y de la mente!) en la vida cotidiana. Se trata, en definitiva, de utilizar la vista de manera relajada pero dinámica al mismo tiempo, mostrando un mayor interés por el mundo que nos rodea, lo que se traduce en una mayor percepción de los colores, de las formas y de la visión tridimensional. Los ejercicios y juegos utilizados por los educadores visuales son bastante sencillos y tienen como objetivo crear hábitos permanentes, de modo que cualquier persona que practique el método pueda incorporarlos fácilmente a su vida diaria.

Los tres principios del método Bates

Estos 3 principios han de actuar juntos y de manera simultánea.

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El movimiento

(lo contrario es la mirada fija)

El estado natural de los ojos es el movimiento. Un ojo normal se mueve continuamente y tiembla con movimientos involuntarios muy rápidos (60 per segundo, aproximadamente). Para tener una visión más clara, tiene que haber más movimiento. Si en lugar de proporcionarle al cerebro 3.600 imágenes en un minuto, sólo le proporcionamos 800, el nivel de claridad y de definición de la imagen será menor y tendrá más errores. Cuanto menos movimiento, menos claridad. Un ojo que no se mueve ve mal, es un ojo “muerto”.

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La relajación

(lo contrario es la tensión, el esfuerzo)

Para ver bien y hacer todos estos movimientos, los ojos tienen que estar relajados. Sin relajación no hay suficiente movimiento. Si una persona tiene problemas visuales, al principio los movimientos crearán más tensión porque no está acostumbrada, pero el objetivo es liberar la tensión a través del movimiento para alcanzar la relajación. Además, es importante prestar atención al cuerpo: es necesario que su movimiento sea espontáneo, evitar la rigidez, respirar libremente y relajar los músculos.

La centralización o mirada analítica

(lo contrario es la “difusión”)

En la visión normal, la luz que llega del exterior pasa a través de los ojos y se concentra en un punto muy pequeño de la retina llamado fóvea. Para ver algo claramente, hemos de enfocarlo, ponerlo en línea con la fóvea. Para ver el resto, hemos de mover los ojos. Por ejemplo, cuando miramos una cara, hemos de mirar-la per partes para que el cerebro pueda reconstruir la imagen de la cara entera. Si intentamos verlo “todo de golpe” (en vez de sólo un punto central), por una parte al cerebro le llegan menos imágenes y, por otra, las que le llegan son menos nítidas: como no se puede ver todo igual de bien (es imposible), lo que sucede es que todo se ve igual de mal. Este mal hábito se llama “difusión”.

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